La ilusión xeneize se prendió a medias cuando desde Ezeiza llegó la noticia de que Boca había hecho una oferta concreta por Edwuin Cetre, delantero que venía sonando como opción para reforzar el ataque. La Bombonera imaginó potencia, llegada al área y una alternativa más para meterle fuego al arco rival.   Pero en el fútbol, como en la vida, no alcanza con ponerse la camiseta en la cabeza: primero hay que pasar por el camarín, por la revisión médica y por la prueba de fuego física. Y ahí fue donde todo se pinchó.   Cetre llegó a evaluación médica, cumplió con el protocolo habitual… y no pasó la revisión. La revisación no fue positiva y, como consecuencia directa, Boca dio marcha atrás y el pase se cayó. Lo que podía haber sido carne fresca para la ofensiva terminó siendo humo que se disipa antes de prenderse. La lesión que trascendió fue una operación de meniscos a la que Cetré se sometió en 2018, cuando estaba en Santos Laguna, de México, con apenas 20 años. Si bien no hay confirmación oficial de ninguno de los clubes involucrados, esta cicatriz podría ser la causa de que ni Boca ni Paranaense hayan seguido adelante con la operación. Y así, el delantero que podía haber sido jugador de Boca quedó, por ahora, a mitad de camino, sin historia, sin contrato y sin camiseta azul y oro.   El efecto en el hincha fue inmediato: primero ilusión, después decepción. Porque después de un semestre donde el ataque no termina de afinar la puntería y donde las chances claras escasean, cada refuerzo que se cae pesa el doble. Sobre todo cuando la Bombonera y el socio de Boca miran con ganas de ver algo nuevo, algo distinto, algo que pueda romper líneas y darles dolores de cabeza a los rivales.  Estudiiantes ya cuenta nuevamente con el futbolista, que se reintegró a los entrenamientos esta mañana, pero el Xeneize volvió a la carga y ofreció un préstamo con opción de compra.  El contrato del futbolista vence a fin de año y para prestarlo, deberán primero acordar una renovación.    En un plantel donde las lesiones y la falta de gol se sienten como un lastre, perder una chance de reforzarse es como fallar un mano a mano clarísimo: no solo no se anota, sino que se desperdicia una posibilidad de pelear de verdad.   Y para colmo, este tipo de situaciones empiezan a volverse recurrentes: nombres que suenan, acuerdos casi cerrados, llegadas anunciadas… y al final, nada. El hincha ya no celebra rumores; celebra certezas. Y la certeza es simple: si Boca no concreta lo que promete, la ilusión queda en standby y el calendario sigue su ritmo.